El Centro de Histórico. El Centro Histórico de Moya es heredero de un modelo de asentamiento humano que tiene sus débitos en la agricultura, mayoritaria dedicación de los habitantes de este municipio del norte de la isla de Gran Canaria. Ello se expresa a través de una urbanización lineal por la que la carretera insular, que conecta pagos, caseríos y pueblos, pasa, con el tiempo, a convertirse en la calle principal del núcleo de población. La misma se convierte en un vector de colonización quedando sus márgenes para la explotación agropecuaria y posibilitando la progresiva existencia de ramales que surgen perpendiculares al eje principal. | |
Los Balcones de Moya. Como consecuencia de este modelo de urbanización el centro social de la población coincide con una vía de tránsito que es tomado por sus habitantes como imán y marco escénico de las fiestas locales. Ello explica la proliferación de balcones de todo tipo, de todos los estilos, en madera, en hierro…que vuelan sobre la calle principal de Moya.
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Ornamentación arquitectónica. Sin embargo es de justicia reconocer la positiva evolución que ha conocido la arquitectura doméstica local, especialmente aquella que se practicó en los comienzos del siglo XX con la superación del Eclecticismo tradicional y la adopción de la estética modernista. De tal forma que es frecuente encontrarnos en las calle de Moya con edificios alicatados de cerámica o con abundante volumetría escultórica, dos características de la arquitectura art decó.
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La Arquitectura del Agua. El agua debe ser considerada un factor determinante en la construcción de Moya como sociedad. Y de su importancia nos hablan claramente dos edificios que se hacen eco de ello. Primero, el molino de agua destinado antaño a la molienda de grano para la alimentación de los naturales. Y segundo, el edificio de la Heredad de Aguas, posiblemente la mejor arquitectura de Moya, que fue construido en un desarrollado siglo XIX en piedra labrada bajo los cánones del Eclectismo. | |
La iglesia de Moya. La imagen más reconocible de Moya en la actualidad es, como no podía ser de otra manera, el perfil de la iglesia parroquial que nos recibe a la llegada a la población. El origen de este templo, que está dedicado a Nuestra Señora de Candelaria, se remonta a finales del siglo XV, mucho tiempo antes de proclamarse parroquia independiente por mandato del obispo Fernando Vázquez de Arce (1515). | |
Tomás Morales (1884 - 1921) | |
Escultura de Moya. En el interior de la iglesia de Nuestra Señora de Candelaria se había acumulado un amplio tesoro artístico del que buena parte se perdió con las obras de construcción del nuevo templo. Así es añorado un venerado Cuadro de Ánimas y una serie de alhajas de culto (andas de la Virgen del Rosario obra de Francisco Hernández en 1654). A pesar de todo se conservan un grupo de esculturas de interés histórico artístico que rememoran el antiguo esplendor de la iglesia y las donaciones otrora hechas a la parroquia. Entre ellas cabe destacar la efigie de La Candelaria, titular del templo, que después de una serie de amputaciones y posteriores restauraciones preside la iglesia. El copatrono está representado por Judas Tadeo, una devoción que se inició con posterioridad a 1732, año en el que por vez primera se cita en los inventarios una escultura de este santo titular. De la misma, nada se sabe, pero en 1803 fue sustituida por la presente que es obra de José Luján Pérez. La imagen de mayor antigüedad es la que representa a la Virgen de Guadalupe, creyéndose que ya estaba al culto en la desaparecida ermita de Doramas. Es la esculturas de mayor empaque de cuantas se puedan admirar en Moya. Por último cabe citar la representación de San José con el Niño, pues aún tratándose de una obra anónima, no desmerece el nivel medio de la calidad de la imaginería canaria de mediados del siglo XVIII. |
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