Patrimonio Historico

El Centro de Histórico.

El Centro Histórico de Moya es heredero de un modelo de asentamiento humano que tiene sus débitos en la agricultura, mayoritaria dedicación de los habitantes de este municipio del norte de la isla de Gran Canaria. Ello se expresa a través de una urbanización lineal por la que la carretera insular, que conecta pagos, caseríos y pueblos, pasa, con el tiempo, a convertirse en la calle principal del núcleo de población. La misma se convierte en un vector de colonización quedando sus márgenes para la explotación agropecuaria y posibilitando la progresiva existencia de ramales que surgen perpendiculares al eje principal.

Los Balcones de Moya.

Como consecuencia de este modelo de urbanización el centro social de la población coincide con una vía de tránsito que es tomado por sus habitantes como imán y marco escénico de las fiestas locales. Ello explica la proliferación de balcones de todo tipo, de todos los estilos, en madera, en hierro…que vuelan sobre la calle principal de Moya.

Ornamentación arquitectónica.

Sin embargo es de justicia reconocer la positiva evolución que ha conocido la arquitectura doméstica local, especialmente aquella que se practicó en los comienzos del siglo XX con la superación del Eclecticismo tradicional y la adopción de la estética modernista. De tal forma que es frecuente encontrarnos en las calle de Moya con edificios alicatados de cerámica o con abundante volumetría escultórica, dos características de la arquitectura art decó.

La Arquitectura del Agua.

El agua debe ser considerada un factor determinante en la construcción de Moya como sociedad. Y de su importancia nos hablan claramente dos edificios que se hacen eco de ello. Primero, el molino de agua destinado antaño a la molienda de grano para la alimentación de los naturales. Y segundo, el edificio de la Heredad de Aguas, posiblemente la mejor arquitectura de Moya, que fue construido en un desarrollado siglo XIX en piedra labrada bajo los cánones del Eclectismo.

La iglesia de Moya.

La imagen más reconocible de Moya en la actualidad es, como no podía ser de otra manera, el perfil de la iglesia parroquial que nos recibe a la llegada a la población. El origen de este templo, que está dedicado a Nuestra Señora de Candelaria, se remonta a finales del siglo XV, mucho tiempo antes de proclamarse parroquia independiente por mandato del obispo Fernando Vázquez de Arce (1515).

Fue aquélla una primitiva ermita auspiciada por la familia Trujillo, que conoció reiteradas ampliaciones hasta convertirse en una edificación mudéjar prototípica de la arquitectura vernácula canaria. Madera, barro y piedra, con incrustaciones de labra hicieron con decoro su misión religiosa pasando las penalidades al uso en una construcción débil que fue recuperada en su integridad a partir de 1671 prolongándose las obras hasta 1673.

Una vez puesta al servicio comenzó una larga agonía de intervenciones llamadas a reparar cubiertas, paredes y otras partes estructurales del templo, que en menos de cinco meses a partir de su reapertura fue declarado en ruina habida cuenta la mala calidad de la fábrica.

La agonía se perpetuó durante los siglos posteriores y la iglesia fue parcheda continuamente llegándose en 1814 aplicársele una importante intervención que duró hasta bien entrado el año 1818. Así y todo, los males seguían afectando al recinto y en
1886 el párroco se ve en la obligación de inhabilitar la iglesia por temor a que ésta se desplome sobre las cabezas de los fieles que acuden a los cultos. Se instó, entonces al arquitecto Rafael Massanet a formalizar un proyecto, encargo que no se llevó a cabo, quedando partes de las dependencias del edificio de la Heredad de Aguas de Moya como capilla auxiliar en la que se ofrecía el culto de lo parroquianos.

La actual iglesia surge con un proyecto monumentalista del arquitecto grancanario Fernando Delgado León, quien otorga un nuevo aspecto al templo parroquial, además de cambiar el sentido del presbiterio. El 19 de marzo de 1944 fue colocada la primera piedra de una serie de obras encaminadas a culminar un edificio neorrománico que rememora al estilo medieval no sólo en las portadas, sino en el rosetón de su fachada y la monumentalidad que representa.

La iglesia de La Candelaria de Moya es un empeño colectivo de todo un pueblo necesitado que no dudó en colaborar desinteresadamente aportando capitales y trabajo durante un par de década y ver con orgullo concluida su obra un 6 de octubre de 1957.

Tomás Morales (1884 - 1921)

Figura indiscutible en la poesía española. Su genialidad innovó este género que se desarrolló en la época del Modernismo. Su obra "Las Rosas de Hércules" constituye una de las obras cumbres líricas canaria. Los principales motivos tratados en sus obras son el mar y su isla natal. Sobre el mar se puede destacar su "Oda del Atlántico" sobre el puerto de la Luz y Las Palmas.

Escultura de Moya.

En el interior de la iglesia de Nuestra Señora de Candelaria se había acumulado un amplio tesoro artístico del que buena parte se perdió con las obras de construcción del nuevo templo. Así es añorado un venerado Cuadro de Ánimas y una serie de alhajas de culto (andas de la Virgen del Rosario obra de Francisco Hernández en 1654).

A pesar de todo se conservan un grupo de esculturas de interés histórico artístico que rememoran el antiguo esplendor de la iglesia y las donaciones otrora hechas a la parroquia. Entre ellas cabe destacar la efigie de La Candelaria, titular del templo, que después de una serie de amputaciones y posteriores restauraciones preside la iglesia.

El copatrono está representado por Judas Tadeo, una devoción que se inició con posterioridad a 1732, año en el que por vez primera se cita en los inventarios una escultura de este santo titular. De la misma, nada se sabe, pero en 1803 fue sustituida por la presente que es obra de José Luján Pérez.

La imagen de mayor antigüedad es la que representa a la Virgen de Guadalupe, creyéndose que ya estaba al culto en la desaparecida ermita de Doramas. Es la esculturas de mayor empaque de cuantas se puedan admirar en Moya.

Por último cabe citar la representación de San José con el Niño, pues aún tratándose de una obra anónima, no desmerece el nivel medio de la calidad de la imaginería canaria de mediados del siglo XVIII.